Hay dolores que se comparten con lágrimas; pero también existen dolores silenciosos que permanecen escondidos por miedo a ser juzgados
Hay sentimientos que casi nunca aparecen en las conversaciones sobre el duelo, no porque sean poco frecuentes, sino porque muchas personas sienten vergüenza de reconocerlos. Creen que, si los expresan, los demás pensarán que son malas personas, que tienen poca fe o que están viviendo el duelo de una manera incorrecta. Sin embargo, la experiencia clínica y el acompañamiento a personas en duelo muestran que estos pensamientos son mucho más comunes de lo que imaginamos, nombrarlos los hace humanos.
Hoy quiero hablar de ellos con mucho respeto, quizá descubras que alguno también ha visitado tu corazón, y si es así, quiero que sepas desde ahora: NO ESTÁS SOLO. NO ESTÁS SOLA.
TENGO MIEDO DE OLVIDAR SU VOZ
Una de las preocupaciones más frecuentes después de una pérdida no tiene que ver con el presente, tiene que ver con el futuro. Muchas personas dicen:
¿Y si un día ya no recuerdo cómo sonaba su risa ?
¡Y si olvido el color de sus ojos?
¿Y si ya no puedo imaginar su abrazo?
Ese miedo nace porque confundimos recordar con conservar, pero el amor no depende únicamente de la memoria. Las personas que amamos siguen viviendo también en lo que sembraron en nosotros. Quizá hoy preparas una receta que aprendiste de tu mamá o repites una frase que decía tu abuelo, o abrazas a tus hijos de la misma manera que lo hacía tu padre. El legado también es memoria, y ese tipo de memoria permanece de formas que muchas veces ni siquiera advertimos.
PREGUNTA PARA ESCRIBIR.
¿Qué gesto, enseñanza costumbre de esa persona sigue viviendo hoy en ti?
ME SIENTO CULPABLE CUANDO VUELVO A SONREÍR
Este es uno de los sentimientos más dolorosos del duelo. Después de semanas o meses de tristeza, llega un día en que alguien hace un chiste, y sonríes o disfrutas una comida o ríes viendo jugar a tus hijos y, casi inmediatamente, aparece un pensamiento: ¿Cómo puedo estar riéndome si la persona que amo no está? Es una culpa silenciosa; pero profundamente injusta. Porque volver a experimentar momentos de alegría no significa dejar de amar, significa que la vida, con infinita delicadeza, está empezando a abrir una pequeña ventana para que entre nuevamente la luz. La alegría no reemplaza el amor, puede convivir con él.
El psiquiatra Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración, escribió:
«Lo que hemos amado profundamente nunca podrá sernos arrebatado; se convierte en parte de lo que somos»
Quizá esa sea una de las formas más hermosas de entender el duelo, no dejamos atrás a quienes amamos; lo llevamos con nosotros de una manera diferente.
ESTOY ENOJADO CON DIOS
Pocas personas se atreven a decirlo; pero muchas los sienten.
Después de una pérdida surgen preguntas muy difíciles. ¿Por qué permitió esto? ¿Por qué no respondió mi oración? ¿Dónde estaba Dios cuando más lo necesitaba?
Durante mucho tiempo, algunas personas creen que hacer estas preguntas es una falta de fe, sin embargo cuando abrimos las escrituras encontramos algo sorprendente: Job pregunto, David pregunto, Jeremías preguntó. Muchos Salmos nacieron precisamente de corazones quebrantados que se atrevieron a hablar con Dios desde el dolor. La fe bíblica no prohíbe las preguntas; las recibe. Porque Dios sabe que es un corazón sincero, Él ya conoce nuestra lágrimas antes de que podamos ponerles palabras.
REFLEXIÓN BÍBLICA
En Salmo 13, David comienza diciendo: «¿Hasta cuándo, Señor?¡Me olvidarás para siempre?». No es la oración de alguien que perdió la fe. Es la oración de alguien que, aun en medio de su sufrimiento, siguió buscando a Dios.
PREGUNTA PARA EL CORAZÓN
Si pudieras hablar con Dios con total libertad, sin miedo a ser juzgado, ¿qué le dirías hoy?
TENGO MIEDO DE SEGUIR ADELANTE
Este miedo aparece con más frecuencia de la que imaginamos. Algunas personas sienten que, si reorganizan su vida, si vuelven a viajar, si celebran un cumpleaños o si hacen nuevos proyectos están dejando atrás a quien partió. Pero seguir viviendo no significa abandonar el recuerdo; significa honrar el regalo de la vida que todavía tenemos,
Quien nos amó profundamente, difícilmente habría deseado que dejáramos de vivir para siempre. Tal vez el homenaje más hermoso que podamos ofrecer sea vivir de una manera que refleje lo mejor que esa persona sembró en nosotros.
Nombrar estos sentimientos suele traer alivio, porque descubrimos que no somos únicos que los experimentamos. Pero todavía queda una pregunta importante: ¿cómo podemos acompañar nuestro cuerpo y nuestro corazón mientras atravesamos este proceso?
En el siguiente escrito: CUANDO EL CUERPO NECESITA MOVERSE PARA VOLVER A RESPIRAR.


Deja un comentario