No todos los días comienzan con entusiasmo. Algunos traen cansancio, preocupaciones o emociones difíciles de explicar. Pero incluso en esos días podemos encontrar pequeñas oportunidades para cuidarnos.
CUANDO EL DÍA COMIENZA ANTES DE QUE TENGAMOS FUERZA
Suena el despertador. Abres los ojos y, antes de levantarte, tu mente comienza a recorrer los pendientes, las responsabilidades y las preocupaciones.
Quizás dormiste, pero sientes que no descansaste lo suficiente. Tal vez hay algo que te entristece, una situación que todavía no has resuelto o simplemente un cansancio que se ha ido acumulando. Miras el reloj, el día apenas comienza y ya quisieras que terminara. Entonces aparece una frase conocida:
«Hoy no tengo ganas de hacer nada. Mañana empezaré a cuidarme».
Pero ¿cuántas veces hemos dejado nuestro bienestar para mañana?
Esperamos tener más tiempo, recuperar el entusiasmo, sentirnos con energía o encontrar el momento perfecto, y mientras esperamos, nuestras propias necesidades quedan relegadas al último lugar.
¿Y si no necesitáramos sentirnos bien para comenzar a cuidarnos?
NO TODO LO QUE SENTIMOS ESTÁ BAJO NUESTRO CONTROL
Existen mañanas luminosas, llenas de entusiasmo y proyectos. Pero también existen días en los que el corazón está preocupado, la mente parece no detenerse y el cuerpo pide descanso. Sentirnos así no significa que hayamos fracasado. Somos seres humanos. Tenemos emociones, atravesamos pérdidas, enfrentamos cambios y convivimos con circunstancias que no siempre podemos resolver inmediatamente.
No podemos exigirnos alegría todos los días, tampoco necesitamos fingir que todo marcha bien cuando no es así. Sin embargo, hay algo que merece nuestra atención: aunque no siempre podamos cambiar lo que estamos viviendo, podemos preguntarnos qué necesitamos para atravesarlo de una manera más amable,
A veces será descansar. Otras veces, conversar con alguien, salir a caminar, respirar tranquilamente o mover suavemente el cuerpo.
Cuidarnos no significa negar lo que sentimos. Significa reconocer que, aun en medio de las dificultades, seguimos necesitando atención, respeto y cariño.
EL MOVIMIENTO TAMBIÉN PUEDE SER UNA FORMA DE ESCUCHARNOS
Después de muchos años dedicados a la enseñanza de la danza, hay una idea que considero fundamental: movernos no debería ser únicamente una obligación física o una búsqueda de resultados estéticos.
El movimiento también puede convertirse en un espacio de encuentro con nosotros mismos. No siempre necesitamos una clase completa, una coreografía complicada o una rutina exigente. Algunas veces basta con levantarnos de la silla, estirar los brazos, mover los hombros o caminar unos minutos mientras escuchamos una canción que nos gusta.
La actividad física adaptada a nuestras posibilidades puede favorecer el bienestar y el estado de ánimo. Pero eso no significa que debamos exigirle al cuerpo que elimine inmediatamente nuestra tristeza o nuestro cansancio.
EL MOVIMIENTO NO TIENE QUE BORRAR NUESTRAS EMOCIONES PARA RESULTAR VALIOSO
Podemos sentir preocupación y, aun así, regalarnos unos minutos de movimiento. Podemos estar atravesando una etapa difícil y continuar aprendiendo a cuidarnos. Y también podemos reconocer cuándo necesitamos detenernos.
CINCO MINUTOS QUE PUEDEN CONVERTIRSE EN UN COMIENZO
Te propongo un pequeño ejercicio. No necesitas experiencia en danza ni una condición física especial. Solo busca un lugar cómodo y adapta cada movimiento en tus posibilidades.
MINUTO 1. RECONOCE CÓMO TE SIENTES.
Siéntate o permanece de pie cómodamente. Respira de manera natural. Pregúntate: ¿Cómo me siento hoy? ¿Qué necesito? No intentes corregir tus emociones, simplemente reconócelas.
MINUTO 2. DESPIERTA SUAVEMENTE TU CUERPO.
Mueve los hombros, estira los brazos sin forzar y realiza movimientos lentos con las manos y los pies. Observa cómo responde tu cuerpo.
MINUTO 3 y 4. MUÉVETE CON UNA CANCIÓN
Elige una melodia agradable. Puedes caminar suavemente, balancearte de lado a lado o realizar pequeños movimientos siguiendo el ritmo, incluso puedes hacerlo sentado. No busques hacerlo perfecto. No necesitas demostrar nada.
MINUTO 5. REGÁLATE UNA PAUSA.
Detén el movimiento y vuelve a respirar con tranquilidad. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer hoy para tratarme con un poco más de amabilidad?
Tal vez encuentres una respuesta sencilla: descansar, beber agua, salir a tomar aire o reservar un momento para ti.
Si estás enferma, tienes dolor o tu cuerpo necesita reposo, adapta o evita los movimientos. El autocuidado también consiste en respetar tus límites.
NO SUBESTIMES LOS PEQUEÑOS COMIENZOS
A veces creemos que para mejorar nuestra vida debemos realizar cambios extraordinarios, comenzar una nueva rutina, inscribirnos en un programa, modificar todos nuestros hábitos, tener disciplina perfecta, y cuando no logramos hacerlo, terminamos sintiéndonos frustrados. Pero construir bienestar no debería convertirse en otra fuente de presión. Los pequeños gestos pueden ayudarnos a desarrollar hábitos más sostenibles.
Cinco minutos hoy no resolverán todos nuestros problemas. Tampoco garantizan que mañana despertemos con una energía completamente diferente. Sin embargo, pueden representar algo importante: la decisión de no olvidarnos de nosotros mismos.
No necesitas resolver toda tu vida esta mañana. Quizás hoy sea suficiente con escuchar a tu cuerpo, reconocer lo que sientes y ofrecerte un momento de cuidado.
UNA REFLEXIÓN PARA LLEVAR CONTIGO
Quisiera que te quedaras con esta idea:
No siempre podemos elegir cómo nos sentimos al comenzar el día, pero a veces podemos elegir una pequeña acción para cuidarnos mientras lo atravesamos.
Hay días para avanzar con entusiasmo, días para caminar despacio y otros en los que descansar también es avanzar. Lo importante es comprender que nuestro bienestar merece atención no solamente cuando estamos felices, motivados o llenos de energía. También merece un lugar en los días difíciles.
Y ahora quiero dejarte una pregunta:
Si hoy pudieras dedicarte solamente cinco minutos, ¿qué harías para sentirte un poco más acompañada por ti misma?
No tienes que cambiarlo todo. Puedes comenzar por algo pequeño.
Desde Movimiento y Bienestar, te invito a descubrir cómo la danza, el movimiento consciente y las pequeñas prácticas de autocuidado pueden formar parte de tu vida. Si deseas comenzar con acompañamiento y a tu propio ritmo, puedes conocer mis clases y programas de movimiento para el bienestar.
MILVA DOMINGUEZ
Nota: Este artículo tiene fines educativos y de bienestar general. No sustituye la evaluación ni la atención de profesionales de la salud cuando sean necesarias.

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